NO

Aprende a decir que NO

¿Alguna vez te has encontrado en una situación en la que aceptas hacer algo que en realidad no querías?

A todos nos ha pasado. Hay muchas razones por las cuales nos cuesta trabajo decir “no”.

Por supuesto, depende de la situación, y de la persona. Hay situaciones en las que es prácticamente imposible decir “no”, como cuando tu jefe te “pide” que te quedes a una junta muy importante después de tu horario de trabajo. Existen otras en las que suele ser más fácil, como cuando llega a pedirnos dinero en la calle quien obligadamente te limpia el parabrisas del carro.

La dificultad para decir “no” es algo normal y flexible en cierta medida. Como en todas las conductas humanas, existen los extremos, y mientras más nos acercamos a uno u otro, comenzamos a tener problemas.

En el caso de saber decir “no”, están las personas a las que prácticamente nunca les cuesta trabajo decirlo.

En el otro extremo están aquellos a los que les es prácticamente imposible decir “no”, y viven su vida resolviendo las necesidades de otros anulándose a sí mismos y a sus propias necesidades y deseos.

El decir “no” es difícil cuando implica ir en contra de las expectativas o deseos de otro, es decir, cuando nos piden algo o esperan algo de nosotros, ya sea una reacción determinada, una opinión, una conducta, etc., o cuando otra persona manifiesta su deseo y depende de nosotros satisfacerlo.

Otra causa es la falta de decisión, es más fácil y cómodo hacer lo que te piden que decidir decir NO. Así pueden echarle la culpa a otros.

El conflicto surge específicamente cuando se encuentran dos necesidades opuestas. Si alguien nos pide hacer algo que sí deseamos hacer, no hay conflicto alguno. Son dos necesidades que van en la misma dirección. Pero si nos piden hacer algo que nosotros no deseamos hacer, es cuando entramos en conflicto. Tenemos que decidir a qué necesidad darle prioridad, si a la mía, o a la del otro.

Si no manifestamos nuestro desacuerdo cuando discrepamos en cuestiones importantes, o si hacemos lo que consideramos inapropiado o lo que resulta perjudicial para nuestros intereses, anteponemos las necesidades, opiniones o deseos de los demás a los nuestros. Esto puede causarnos, además de los previsibles perjuicios de índole práctica, problemas de autoestima, y puede trasmitir de nosotros una imagen de personas con poco criterio.

¿Por qué el miedo a decir no?

Algunas personas sufren cada vez que se han de negar a algo, bien sea por miedo a defraudar las expectativas de otros, bien por temor a no dar “la talla” o a no saber argumentar su negativa, o por simple flojera y comodidad.

Se trata, en definitiva, del miedo a no ser valorados y queridos. Nuestra necesidad de ser valorados, atendidos y tenidos en cuenta, puede llevarnos a mostrar una constante disponibilidad a todo, lo que nos sume en una dependencia no sólo de los demás, sino de esa imagen desde la que actuamos, dejando de ejercer nuestro derecho a decir “no”.

Esa dependencia dificulta nuestra evolución personal, debilita nuestra autoestima e imposibilita el libre ejercicio de la responsabilidad que propicia unas saludables y equilibradas relaciones de interdependencia con los demás, en las que decimos “sí” cuando lo consideramos adecuado y en las que mantenemos vigente la posibilidad a decir “no”.

Por alguna razón a veces delegamos esa función en las personas que nos rodean, esperamos que ellos se comporten de una manera adecuada con nosotros sin invadirnos y nos indigna cuando lo hacen, sintiéndonos impotentes ante tal vulneración.

Nuestra incapacidad para establecer nuestros propios límites y decir NO, puede que se deba al entorno familiar en donde hemos crecido o a que hemos mantenido o seguimos manteniendo relaciones en las que yo y los otros no somos capaces de establecer límites.

La fuerza del sí

Y esto sólo es posible si previamente sabemos decir “no” sin sentirnos culpables por ello.

Cuando queremos decir “no” y, sin embargo, decimos “sí”, estamos devaluando nuestro “sí”, ya que, de puro rutinario, lo hemos despojado de su verdadero valor. Y devaluar nuestra afirmación es hacerlo con nuestro crédito como personas que sienten, piensan y tienen criterio propio. Equivale a devaluarnos ante los demás y ante nosotros mismos.

Hay que buscar un equilibrio que nos permita ser tolerantes y comprensivos, pero siempre habilitando un espacio para expresar nuestros matices o discrepancias. Si cedemos siempre, nos estamos haciendo daño. Si no somos capaces de decir “no”, pensaremos que a los demás les puede ocurrir lo mismo. Y cada vez que obtengamos una afirmación a algo que pedimos o comentamos, dudaremos de si realmente es una respuesta sincera, y por ende, si importamos a nuestro interlocutor.

Conectar con nuestras necesidades, atender a lo que queremos y necesitamos, priorizar el cómo estamos en cada momento y situación, nos obliga a saber decir “no”. En ocasiones, decir “no” es imprescindible para conocernos, para significarnos y mostrarnos al mundo tal como somos.

Y podremos decir que sabemos con quién hablamos y cómo se encuentra la persona con la que lo hacemos. Hay demasiadas relaciones vacías, formales, vestidas de cordialidad y buenos modales. Una cosa es la sociabilidad y otra muy distinta, la hipocresía del “quedar bien” a toda costa.

Cuando le dicen NO, al que no sabe decirlo, entra como en una negación, no puede creer que si pide algo se lo nieguen, porque su cerebro no está estructurado para realizar ese proceso de pensamiento. No entiende lo que está pasando, se supone que siempre se debe decir Si, por lo menos para esa persona, porque no sabe utilizar el NO.

Digamos “no” cuando queremos decir “no”

• No nos sintamos culpables por decir “no”.

• Dar (adecuadamente) prioridad a nuestras necesidades, opiniones y deseos NO es una manifestación de egoísmo, sino de responsabilidad, autoestima y madurez.

• Decir “NO” cuando lo consideramos justo o necesario es la mejor forma de comprobar en qué medida se nos valora y se nos quiere por cómo somos en realidad.

• Permitámonos verificar que nuestras negativas no sólo no rompen vínculos con los demás, sino que plasman un compromiso de sinceridad, respeto (por los demás y por nosotros mismos), responsabilidad y autenticidad.

• La confianza se fortalece cuando el diálogo y la interacción no se sustentan en falsos asentimientos y condescendencias.

• Si ejercemos nuestro derecho a decir “NO”, podremos pensar que los demás hacen lo propio, y asentaremos una comunicación más fiable, veraz y fluida.

Tips para aprender a decir “NO”:

Pregúntate si lo que te están pidiendo es algo que tu realmente quieres hacer. Piénsalo detenidamente, no te dejes llevar por el impulso de decir “si”. Observa si TU realmente deseas hacerlo o no, independientemente de los deseos o las expectativas del otro.

Toma tu tiempo antes de responder. No des una respuesta en ese momento, di algo como: “déjame pensarlo y te digo al rato”, o “tengo que ver si no tengo otros compromisos, pero te confirmo mañana”. Esto te va a ayudar mucho a observar con calma si lo que te están pidiendo es algo que tú quieres hacer o no.

Pregúntate si tienes el tiempo para hacerlo. Muchas veces no es que no queramos complacer al otro, simplemente no tenemos el tiempo. Evalúa tus prioridades y si decides que puedes dedicar algo de tu tiempo al otro sin afectar tus proyectos, adelante. De lo contrario, es mejor decir “no”.

Puedes buscar un punto medio. Tal vez no quieras hacer exactamente lo que te piden pero si estás dispuesto a buscar un acuerdo en el que ambas partes ceden un poco. Di “no”, pero propón otra alternativa. Puedes decir algo como: “Mira, hoy no puedo ayudarte con eso pero si no te es muy urgente, mañana sí tendría una hora para ayudarte”.

Si vas a decir “no”, sé honesto y amable. Lo mejor es decirle al otro que no podemos porque tenemos otros pendientes, sin tener que entrar en detalles, y decírselo de la manera más amable y con seguridad, que al decir “no”, no te sientas mal de decirlo. Se trata de que puedas decir “no” con la seguridad de que es tu decisión y de que tienes todo el derecho de negarte. Recuerda que es señal de buena autoestima.

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